Cactus e Dintorni

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Las enfermedades

Declaración de No-Responsabilidad

El autor declina cualquier responsabilidad relativa a los posibles daños causados por el uso de las indicaciones abajo facilitadas, así como del uso impropio e incorrecto de las prescripciones sanitarias citadas, cuyas marcas pertenecen a los respectivos propietarios.

Los insecticidas, fungicidas, acaricidas y otros químicos son citados únicamente para ser útiles a los visitantes de la página Web. Si un principio activo es utilizado por primera vez, debe realizar una prueba de fitotoxicidad sobre la planta. Determinados productos se venden libremente en algunos países y en otros están prohibidos; para algunos es necesario una receta fitosanitaria, algunos son potencialmente tóxicos o peligrosos para el hombre y quien los usa lo hace bajo su propia responsabilidad, además las indicaciones de uso que figuran en el producto tienen prioridad sobre lo indicado en esta sección.   

En cualquier caso, antes de usar un determinado producto es necesario leer atentamente la etiqueta en lo relativo al principio activo, la dosis de empleo, la acción sobre los parásitos, la composición, el modo de empleo, la clase toxicológica, la compatibilidad con otros productos, la época de tratamiento, los daños que puedan causar a los animales, el periodo de carencia (seguridad), la naturaleza del riesgo: por inhalación, ingestión, absorción cutánea. Los productos no deben guardarse dentro del ámbito domestico, deben ser inaccesibles a los niños y guardados en un armario cerrado con llave, la preparación y los tratamientos no deben realizarse en casa o en el invernadero, sino al aire libre.

Recordar no trabajar nunca a contra viento; no comer, beber o fumar durante los tratamientos, usar guates y mascarilla, utilizar vestimenta adecuada, evitar de respirar los vapores de las sustancias y el contacto con los ojos y las mucosas, después de cada tratamiento lavarse cuidadosamente, no contaminar y no dispersar en el ambiente los envases vacíos. En caso de contaminación personal lavar inmediatamente las partes afectadas y si se presenta malestar avisar al medico llevando consigo el envase del producto.

INTRODUCCION

Una planta está sana si es capaz de llevar a cabo, de modo regular, sus funciones fisiológicas. Según Owens: “La enfermedad es un trastorno o una desviación de la estructura normal o de la fisiología de la planta, localizada o generalizada, reconocible por cualquier síntoma o signo, que produzca algún daño a la planta”.

Para que un vegetal pueda ser parasitado, son necesarios al menos tres factores coincidentes: la receptividad de la planta, la virulencia del patógeno, las condiciones ambientales favorables. Este concepto es conocido como “Triangulo de Bateman”: Huésped, Patógeno, Ambiente, en el que a veces se introduce un cuarto elemento, el Tiempo, entendido como duración de la persistencia de las condiciones favorables al ataque, capaz de determinar los daños y la gravedad de los mismos.             

Los problemas que mayormente importunan a los amantes de las suculentas (y no solo a ellos), conciernen al reconocimiento y cuidado de enfermedades, por lo cual es de fundamental importancia identificar la patología, cosa por otro lado no fácil, y saber como tratarla. Mantener sanas las plantas no es una cosa cómoda para nadie, se necesita sensibilidad para comprender desde el primer momento que hay algo que no va como debiera y saber intervenir con prontitud. Es necesario del mismo modo conocer contra que se combate y como se comporta el patógeno.  

Todas nuestras suculentas están expuestas a contraer una enfermedad, pero en modo y manera distinta. Son factores de riesgo la variabilidad y las condiciones climáticas, la vecindad a plantas ya enfermas, los modos de cultivo erróneos, la contaminación del aire y del suelo sobre el que viven. Plantas cultivadas correctamente crecen robustas y están menos expuestas a enfermedades y por lo tanto reaccionan a las mismas con mayor eficacia.

FITOPATIAS Y PESTICIDAS

PARASITOS VEGETALES

Los parásitos vegetales se subdividen en cuatro grupos:

A)-Hongos: Se trata de organismos microscópicos, desprovistos de movilidad, capaces de reproducirse ya sea por vía sexuada o asexuada; se instalan en los tejidos vegetales mediante filamentos llamados hifas, sustrayendo así linfa de las plantas. Las esporas pueden sobrevivir al frío y a la falta de agua, dispuestas a germinar tan pronto como las condiciones sean favorables y a difundirse a través del agua de los riegos. La mayor parte de los problemas relativos a los hongos dependen de nosotros mismos que inconscientemente los introducimos en el invernadero y una vez que el patógeno se ha instalado allí las consecuencias pueden ser verdaderamente graves. El hongo puede penetrar en el interior de la planta a través de heridas en el cuerpo o las raíces, a través de aberturas que las esporas son capaces de crear y incluso a través de los estomas. Muchos hongos prosperan cuando el ambiente es húmedo, el aire frío y la circulación escasa o ausente. El cambio de estas condiciones puede parar el desarrollo de la fungosis, que no obstante puede reemprenderse con un nuevo empeoramiento de la situación. Algunos hongos residen en los residuos vegetales y en las plantas como: Alternaria, Cercospora, Colletotricum. Otros en el suelo como Phytophora y Fusarium, también como saprófitas: Rhizoctonia, Pythium, Sclerotium. Por tales razones es desaconsejable el uso de tierra de campo que puede contener esporas resistentes, órganos de conservación y enfermedades bacterianas, a no ser que se recurra a la desinfección con vapor a 90º C por una veintena de minutos, o bien a fumigaciones (Bromuro de metilo, Tetracloruro de carbono), practicas en verdad de no fácil ejecución. La prevención se lleva a cabo por lo tanto con la desinfección de los sustratos, de los semilleros, de los locales, asegurando una ventilación adecuada, un buen drenaje, un abonado equilibrado, la desinfección de las semillas.

B)-Bacterias: (Esquizomicetos): Son organismos microscópicos unicelulares, procariotas, provistos de membrana con núcleo indistinto, tienen un diámetro de pocas micras, a medio camino entre el reino vegetal y animal. Pueden ser aeróbicas o anaeróbicas, se pueden reproducir cada 20 minutos por división celular, resistir en condiciones extremas allí donde cualquier forma de vida está excluida. Las bacterias viven en el aire, en el agua, en el interior y en la superficie de los seres vivos; son muy copiosas en la tierra (de 1 a 50 millones por gramo de suelo). La mayor parte son saprofitas y sólo algunas presentan características autotróficas. Muchas son de gran utilidad en cuanto contribuyen a la mejora del sustrato a través de un proceso oxidativo y de descomposición de la materia orgánica, otras fijan el nitrógeno atmosférico combinándolo con el hidrogeno, de manera que pueda ser utilizado por las plantas. Proliferan en condiciones favorables, es decir temperaturas entre los 10 y los 35ºC, siendo óptimos 25ºC, elevada humedad del suelo, así como material orgánico no descompuesto o infectado, insectos. La penetración no se produce nunca directamente, sino a través de heridas o aberturas naturales (estomas, separación de flores y hojas), después de verificado el anclaje, la multiplicación y la invasión se produce célula a célula o a través de los tejidos parenquimáticos y de las fascias vasculares. Por tal motivo, pueden producirse bacteriosis sistemáticas, vasculares, parenquimáticas, hiperplásticas.  Las sistémicas causan la marchitez de las hojas y el oscurecimiento de los vasos, con formaciones de chancros. Las bacteriosis vasculares, producen lesiones necróticas en cuña con podredumbres negras. La prevención se realiza tratando las semillas con  productos cúpricos o agua caliente a 50ºC durante 20 minutos. Las bacterias Pseudomonas y Erwinia producen putrición y ennegrecimientos en los tejidos, tumores en las raíces, obstrucciones en los vasos y marchitamiento.

C)-Virus: Entidades biológicas intracelulares con unas dimensiones de 0,05 a 0,2 micrones, constituidos de ácidos nucleicos como los RNA (acido ribonucleico) o DNA (acido desoxirribonucleico) y de un revestimiento protector proteico (cápsida vírica). Carecen de una organización celular y son incapaces de moverse y de crecer, pero tienen capacidad de especializarse, transformarse, adaptarse al ambiente. No son capaces por lo tanto de introducirse en el interior de los tejidos vegetales, por lo cual la transmisión de planta a planta puede producirse a través del injerto, por semilla, por propagación vegetativa, con el polen, por el contacto entre planta sana y planta enferma a través de pequeñas lesiones. Otros factores son los insectos (áfidos, cigarrillas, cochinillas, moscas blancas, trips, coleópteros), los ácaros, los nemátodos, los hongos y finalmente el hombre con las prácticas de cultivo. El transporte a distancia del virus, en el interior de la planta, se produce por medio del floema. Tienen capacidad reproductiva sólo en el interior de la célula huésped en la que son capaces de penetrar y obligan a replicar el virus. Son los artífices de las alteraciones cromáticas, de las deformaciones en los tallos y en las flores, de clorosis y marchitamiento. A veces contribuyen  a hacer más interesantes tallos y flores, creando manchas, mosaicos, anillos cloróticos. Es justamente la alteración del color de las flores uno de los principales síntomas que nos debe hacer pensar en la presencia del patógeno.  

El diagnostico preciso puede ser obtenido con un microscopio electrónico de barrido, mediante kits serológicos, uso de sondas con marcadores fluorescentes. Las virosis se previenen con el uso de material no infectado, la eliminación de las hierbas infectantes, la lucha con los factores capaces de transmitir la infección, la protección de las plantas con tnt (tela no tejida), la desinfección del invernadero. El tratamiento puede llevarse a cabo con la termoterapia, el saneamiento mediante cultivo de los meristemos apicales, utilización de plantas transgénicas resistentes, mientras que las estrategias biotecnológicas con la utilización de vacunas son de momento de escasa utilidad debido a la ausencia en las plantas de un sistema inmunitario.

D)-Micoplasmas: Se trata de organismos procariotas, desprovistos de un núcleo autentico y propio y carentes de paredes celulares pero con membrana elástica celular triestratificada deformable, son gram negativos, no tienen flagelos, ni producen esporas. Los micoplasmas no son ni bacterias, ni virus, sino una forma intermedia con hábitat en el floema de las plantas. Estos parásitos producen graves desordenes en el sujeto huésped, que no hay que confundir con la forma cristata que no está originada por una enfermedad. Interfieren con las hormonas del metabolismo, estimulando la producción de una sustancia que promueve el crecimiento de las yemas axilares. Ya que la enfermedad es relativamente benigna, algunos viveros injertan la planta infectada sobre otras, para obtener la multiplicación de las formas monstruosas y venderlas como curiosidad. Se supone que todos los cactus pueden verse sujetos a ella, en particular los géneros Opuntia, Echinopsis, Gymnocalycium, Cereus. Hasta hoy los laboratorios no han logrado aislar el microorganismo responsable de las malformaciones.      

Síntomas: Deformación y crecimiento anormal, proliferación de los brotes axilares y en las proximidades del ápice; renuevos muy pequeños y poco desarrollados, amarillamiento foliar con alargamiento entre nudos, enanismo apical, raquitismo, virescencia. En presencia de plantas infectadas no es necesario tomar ninguna medida por cuanto la enfermedad, en general, no se difunde espontáneamente. No hacer injertos sobre estos sujetos a menos que no se quiera, esterilizar con alcohol desnaturalizado las herramientas utilizadas, antes de tratar otras plantas.  Hacer inmune el invernadero a cigarrillas, psilas, cochinillas, áfidos, moscas blancas, que pueden transmitir la enfermedad. Los micoplasmas son sensibles al tratamiento con agua caliente (inmersión de la planta durante 5 horas a 45ºC.), y a los antibióticos como la Tetraciclina y Estreptomicina. 

Las enfermedades causadas por los grupos B, C y D, están menos difundidas aunque en vías de expansión y raramente curables. Con las micosis en cambio se puede intentar el tratamiento, sin embargo si una enfermedad por hongos entra en una colección ninguna pulverización podrá eliminarla completamente, por lo cual es fundamental la prevención que se implementa mediante los apropiados cuidados en el cultivo y practicas higiénico-profilácticas en el lugar de crecimiento y en la instalación del semillero. 

He aquí algunas reglas validas para toda situación: desinfectar y tener en cuarentena las plantas introducidas por vez primera en la colección; usar sustratos de calidad, sanos y con poca materia orgánica; rociar plantas y tierra una vez al año con productos sistémicos; desinfectar las herramientas de corte y poda utilizando una solución de agua y lejía en proporción de 10 a 1; asegurar una buena circulación de aire; regar en las primeras horas de la mañana de modo que las plantas  estén secas durante la noche, preferiblemente regar el suelo que rociar la planta; evitar los estancamientos de agua, los abonados desequilibrados, la excesiva humedad ambiental; usar semillas tratadas con productos anticriptogámicos y provenientes de casas especializadas; limpiar con regularidad el invernadero de residuos, de flores pasadas y de hojas caídas; a finales de otoño, antes del reposo invernal, desinfectar el invernadero con anticriptogámicos en polvo de amplio espectro. En caso de infección impedir la proliferación y la difusión a los sujetos vecinos, destruir los infectados y librarse de la tierra y los tiestos contaminados; desinfectarse las manos antes de tocar otros tiestos o plantas. Tener siempre presente que algunos microorganismos no son capaces de penetrar en el interior de los  tejidos de las plantas si no es por nuestra negligencia, a través de cortes y heridas como consecuencia de trasplantes o por la acción de insectos que por lo tanto deben ser combatidos con prontitud. 

Entre las enfermedades causadas por parásitos vegetales, merecen especial atención; Helmintosporiosis, Fusariosis, podredumbre por Rizoctoniasis, Pythium, Phytophthora, necrosis por Conio thryrium, Monosporiosis, manchas de Septoriosis, Antracnosis, Podredumbre gris. Muchas enfermedades se manifiestan de manera similar pero requieren un tratamiento diferente, para plantas importantes es bastante útil dirigirse a un laboratorio de análisis fitopatológico.

HELMINTOSPORIOSIS-ALTERNARIOSIS
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ipolaris/Drechslera. Es quizás la más extendida y temida enfermedad fúngica en las plantas crasas, causada por Helminthosporium cactivorum (Drechslera cactivora).  Sobre sujetos jóvenes provoca una pudrición parduzca, que en breve tiempo conduce la planta a la muerte. Sobre plantas adultas la enfermedad avanza más lentamente, manifestándose en primer lugar con manchas amarillentas, después negras y putrescentes en cuanto el patógeno penetra en profundidad en los tejidos. El ataque se manifiesta en las concavidades  o en las proximidades del cuello, por ser zonas mayormente húmedas. En caso de humedad elevada, la enfermedad puede evolucionar muy rápidamente. El patógeno, en algunos casos, se manifiesta como una  florescencia negra aterciopelada constituida por minúsculos brotes.

Condiciones favorables al desarrollo son, temperaturas entre 16 y 30ºC., humedad continua o plantas regadas desde arriba, alta agrupación en el invernadero, plantas con heridas, escasa circulación de aire.

Se combate desinfectando, de forma preventiva, el suelo con productos apropiados, quitando y destruyendo las plantas afectadas, evitando los estancamientos de humedad. En condiciones favorables al desarrollo de la enfermedad  o a la aparición de los primeros síntomas, efectuar tratamientos con productos sistémicos tales como Tiabendazol, Zineb, Mancozeb, Ferbam, Quinosol, Captan. Son bastante similares los síntomas de la Alternariosis (Alternaria tenuis).

FUSARIOSIS. Los síntomas de esta enfermedad, causada por Fusarium oxysporum, se manifiestan por un marchitamiento generalizado, podredumbre seca, chancros, amarilleamiento de los márgenes de las hojas, retraso en el crecimiento, con ligeras alteraciones de los tejidos en la zona basal, que aparecen opacos, sin turgencia, con presencia de suaves manchas circulares. Seccionando la planta es posible ver trayectos del sistema vascular dorados  o  rojizos, señal de que el hongo, habitante del suelo, ha penetrado a través de las raíces, se ha instalado a nivel de las fascias, ha obturado los vasos y liberado una toxina, que reduce la presión osmótica.

En su forma aguda las plantas afectadas se encuentran con una pudrición basal y después la muerte. La infección en la forma lenta, tiende a convertirse en crónica, formando un marchitamiento, una especie de suberización que se expande poco y que permite a menudo a la planta sobrevivir por cierto tiempo. Es necesario tener en cuenta que el hongo Fusarium, según la especie, puede penetrar también desde arriba con propagación hacia abajo.

La lucha contra la Fusariosis y la Verticilosis (Verticillium) y otras formas vasculares  es muy difícil, en el lugar de cultivo se puede probar con el empleo de Benzimidazoles (Carbendazima, Benomilo, etc.) con acción sistémica y amplio espectro; o bien con Tiofanato, Dodina (Syllit). La mejor cura, es no obstante la preventiva: evitar cultivar sobre suelos contaminados; utilizar material sano, desinfectar tiestos, herramientas, etc. evitar la humedad excesiva y los abonados desequilibrados.

Bastante comunes en las suculentas, en los semilleros y en los esquejes, son las PUDRICIONES que se manifiestan de forma repentina en la parte de la planta que está en contacto con la tierra. Si la enfermedad se extiende a los semilleros jóvenes desgraciadamente es incurable, es por ello que se interviene preventivamente con productos sistémicos como el propamocarb (Previcur) o Iprodione (Rovral). 

LAS PUDRICIONES DE RAIZ Y CUELLO pueden ser causadas por hongos diversos pero con alteraciones bastante similares. Dan lugar a un reblandecimiento de los tejidos que toman una coloración marrón-rojiza con tendencia a extenderse del cuello a las raíces conduciendo así la planta al colapso. Se manifiestan también mediante un paro en el crecimiento, amarilleamiento del tallo y/o de las hojas. En caso de infección, actuando oportunamente, se puede intentar la curación extirpando con un cuter afilado la parte enferma hasta que se note  el tejido sano sin ninguna presencia de puntitos o manchitas cerca de los haces vasculares. 

Siga la recomendación de desinfectar con alcohol las herramientas usadas cada vez que se ejecute un corte, para no extender más arriba la enfermedad. La parte superior de la planta, aunque sea corta, podrá ser injertada, o de otra manera utilizada como esqueje previa una espolvoreada con Azufre cúprico o Zineb. Las causas, además de los hongos, pueden ser debidas a exceso de riegos y estancamientos de agua. Se combaten con  riegos prudentes, sustitución del sustrato, y en caso de ataque fúngico con Benomilo o Ziram. En los casos graves se quitan  las raíces y se utiliza el tallo como esqueje.

PUDRICION POR RIZHOCTONIASIS. El agente patógeno es la Rhizoctonia solani, un parasito que afecta principalmente Opuntia, Mammillaria, Curcubitaceas y plantitas jóvenes. El hongo vive en el suelo, como saprofita, en los tejidos muertos y germina con temperaturas comprendidas entre 8 y 30ºC, después penetra en la planta a través de las raíces. La enfermedad se manifiesta bajo forma de pudrición basal progresiva capaz de expandirse velozmente sobre toda la planta. Con la primera aparición de la enfermedad la epidermis aparece brillante y tersa; seguidamente los tejidos internos se transforman hasta el decaimiento. El patógeno es fácilmente detectable con el microcospio.

El tratamiento se lleva a cabo mediante desinfecciones preventivas del suelo con vapor o fumigantes y en presencia de enfermedad mediante tratamientos con Pencycuron, Tolclofos metil, Iprodione. También los benzimidazoles (Carbendazima, Benomilo, Tiabendazole) tienen un cierto efecto.

PUDRICION POR PYTHIUM SP. Este hongo, del cual se conocen diversas especies, es bastante común en los semilleros de los cuales ataca, con efectos nefastos, raíces y cuello. Sobre los órganos infectados de las plantas más adultas, se forma un moho de color claro. La lucha se lleva a cabo con Previcur.  

 

PUDRICIÓN POR PHYTOPHTHORA Y ARMILLARIA. Esta enfermedad aunque no muy frecuente entre las suculentas, puede en algunos casos causar graves daños, especialmente entre los semilleros. Está provocada por el hongo Phytophthora cactorum detectable en los sustratos, La infección se manifiesta en las cercanías de las raíces y del cuello mediante una pudrición blanda, gomosa, de rápida difusión, con sucesivos agrietamientos del tallo. Los tejidos afectados adquieren una coloración  oscura con aspecto pegajoso, que en el estadio avanzado produce la desecación de la medula. A menudo se nota la presencia concomitante de nemátodos. Sobre las lesiones por Phytophthora se desarrollan, como consecuencia, pudriciones secas (Fusarium) y blandas (Erwinia).

La pudrición radical fibrosa, causada por el hongo Armillaria mellea, se diferencia de la producida por Phytophthora, por el hecho de que no hay viscosidad, y el parasito emite un intenso olor a hongo.

La lucha es profiláctica: desinfección del terreno, eliminación de los estancamientos de humedad, destrucción de las plantas infectadas. En caso de necesidad se puede recurrir a productos químicos específicos, como los ditiocarbamatos (Ziram, Mancozeb, Propamocarb, Iprodione) previa prueba de fitotoxicidad.

NECROSIS POR CONIOTHYRIUM. La infección, frecuente entre algunas Euforbias, ocurre sobre el tallo y a veces sobre las ramas con manchas oscuras redondeadas, con partes del tejido que se vuelven blandas o arrugan de modo que la planta entera decae y muere. Parece ser que el agente patógeno penetra en los tejidos vegetales sólo en presencia de heridas. La enfermedad produce cuerpos fructíferos del parasito que se presentan como pequeños puntos oscuros, a menudo dispuestos en círculos concéntricos, de los cuales surgen cirros constituidos por numerosos cónidos que, trasportados por el agua, difunden la infección. Se previene, tratando de reducir las causas que puedan provocar heridas a las plantas, evitando los estancamientos de agua, abonando de modo equilibrado y destruyendo las plantas afectadas. El Captan es capaz de combatir la enfermedad, sin embargo en caso de dificultad en el aprovisionamiento, se aconseja el uso de Benzimidazoles.

MONOSPORIOSIS Y OTRAS ENFERMEDADES POR HONGOS MENORES. El Monosporium cactacearum y el Sporotrichum cactorum son otros patógenos que también pueden acarrear daños graves. Se ven particularmente afectados Echinopsis y algunos Cereus, en los cuales la enfermedad aparece atacando principalmente los cladodios en su base bajo la forma de manchas negruzcas, primero pequeñas después cada vez mayores. En breve la infección penetra en los tejidos internos causando la muerte de la planta. Se aconseja la extirpación de las partes infectadas, el aislamiento de las plantas afectas y el tratamiento con productos con base de Metilo, Ziram, Dodina (Syllit 35) o bien Oxicloruro de cobre.  

MANCHAS POR SEPTORIOSIS Y ANTRACNOSIS. Los hongos Septoria cacticola, Ascochyta opuntiae, Colletotrichum, son capaces de atacar Euphorbia, Opuntia, Cereus, Echinocactus, Ferocactus, Agave, pero en teoría todos los cactus pueden serlo, especialmente si son cultivados al aire libre y por consecuencia sujetos a las heridas causadas por el granizo. Estos hongos se desarrollan en otoño a causa de la humedad,  las bajas temperaturas y  la reducida luminosidad. Las gotas viscosas, que pueden encontrarse sobre o cerca de la mancha, son las partes del tejido que el hongo ha dejado después de penetrar en la epidermis. A continuación se manifiesta la aparición de marchitamiento sobre los cladodios, acompañado de manchitas amarillentas. La enfermedad se difunde rápidamente, provoca la desecación de los tallos y con ellos la muerte de la planta, por lo cual es necesario intervenir oportunamente, en el primer estadio de desarrollo, para no ver infectada toda la colección.  

Síntomas de la Antracnosis por Colletotrichum son manchas circulares hundidas, de contornos definidos. Inicialmente se notan tres o cuatro colores como el negro, el marrón claro, el amarillo. Después de un breve tiempo las manchas se vuelven gris oscuro, allí donde se han formado las esporas negras.

Precauciones: no causar heridas a las plantas; no tenerlas muy agrupadas; no regar en modo lluvia, especialmente las plantas enfermas, para así evitar la transferencia de las esporas; predisponer una buena circulación de aire; destruir las partes infectadas, apenas la infección sea descubierta; descartar el suelo viejo y aplicar sobre el nuevo un fungicida sistémico (Tiabendazol). Cuidado: con productos como Diclofluanidas, o Ziram, Zineb, Dodina, Benomilo (Benlate), Mancozeb, Maneb, Captan, caldo bordelés.

PODREDUMBRE GRIS. Botrytis cinerea es el patógeno, más conocido como podredumbre gris, La infección parte de los residuos de plantas caídos sobre el sustrato, ataca con preferencia los semilleros y las suculentas cultivadas en ambientes húmedos y poco aireados. El hongo se desarrolla con temperaturas comprendidas entre 0 y 33ºC, preferiblemente 15-23ºC, con humedad relativa del 80% o superior. Prospera en los invernaderos por lo cual es importante eliminar las partes infectadas para minimizar la presencia de las esporas en el aire.   

Síntomas: Sobre tallos y sobre las hojas se forman manchitas o puntitos inicialmente verde oscuro con márgenes amarillentos, con tendencia a volverse marrón o negro y que a continuación se recubren de un moho polvoriento (micelio) de color grisáceo (pero también puede ser gris plata o verdoso) que en breve lleva a la planta al marchitamiento. 

Precauciones: Dejar espacio entre las plantas, proceder a la desinfección otoñal, deshacerse de los residuos, predisponer una adecuada ventilación forzada. Si las condiciones son frías y húmedas mantener la humedad a niveles no elevados. No usar sistemas de riego por aspersión, evitar los abonos nitrogenados, tratar las heridas con un fungicida, eliminar las plantas infectantes. Tratar la planta con fungicidas sistémicos come los Benzimidiazoles (Benlate), asociados a uno de los siguientes productos: Ronilan, Iprodione, Euparen, Oxicloruro de cobre. La prevención se efectúa con Captan y Benomyl.

Si la infección ya está presente, es necesario quitar cualquier planta infectada de la colección, cerrarla en una bolsa de plástico con la finalidad de no esparcir las esporas, extirpar las partes enfermas  desde su primera parición, tratar el corte con un fungicida.

Agentes de biocontrol de la Botrytis son: Gliocladium roseum, Myrothecium verrucaria, Trichoderma spp. Cladosporium cladosporioides.

OIDIO (mal blanco). Puede afectar, hacia finales de verano, las Euforbias, las Curcubitaceas y otras plantas produciendo sobre los tejidos un polvo blanco con acartonamiento de las hojas. Condiciones favorables a su desarrollo son: humedad en torno al 60-80% con temperaturas de 20-25ºC. Se expande mediante esporas transportadas por el viento, se combate con pulverizaciones de azufre humectable.

 

 

FUMAGINA. Está producida por hongos saprofitas (Antennaria, Capnodium, Cladosporum) que extraen su nutrición de la melaza de insectos como: áfidos, cochinillas, metcalfa, moscas blancas, etc. o del néctar segregado por las glándulas de Ferocactus y Opuntias. La enfermedad se presenta como una costra negra o como un polvo también negruzco similar al hollín. Estos hongos no son patógenos en cuanto no penetran la epidermis, pero convierten a la planta en desagradable estéticamente. La eliminación de la costra puede realizarse mediante el uso de un cepillo de dientes mojado en una solución de Azufre cúprico. La operación debe realizarse durante tiempo. De otra manera el vigor del sujeto afectado se resiente, a causa de la ausencia de fotosíntesis y de los intercambios gaseosos. La lucha, generalmente preventiva, se lleva a cabo eliminando los insectos que alimentan al hongo y, en el caso de los Ferocactus, quitando la secreción glandular.    .

LOS ANIMALES NOCIVOS

Los animales nocivos se combaten estudiando su ciclo de vida, la fisiología, la dependencia del ambiente, sus enemigos y la reactividad a las sustancias venenosas.

COCHINILLAS. Son insectos Hemípteros, bastante dañinos y prolíficos (hasta ocho generaciones al año), realizan inyecciones salivares, absorben linfa a través de un pico, debilitan la planta, decoloran la epidermis, la vuelven más sensible a las quemaduras solares. Hacen aumentar el ciclo respiratorio, generan daños al ápice de las plantas, a la base del tallo y a las raíces. Están recubiertas de una sustancia cerosa, en algunos casos se parece a un pequeño taco de algodón, en otras a un escudito. Se conocen algunos centenares de especies, pero aquellas que afectan a las cactáceas son la Diaspis echinocacti (familia de las Diaspidae), la Eriococcus coccineus (Cochinilla algodonosa de las Cactáceas), la Hypogeococcus festerianus o pungens (Cochinilla rojiza de las Cactáceas), ambas de la familia de los Pseudococcidae; por no hablar de la Icerya purchasi y la Gueriniella serratulae (familia de las Margarodidae). La Coccus hesperidum, ataca las Euforbias y las Bromeliáceas. El Hypogeococcus festerianus fue importado a Italia alrededor de los años 80’S desde las Islas Canarias.
Todas las Cochinillas de reconocen bastante fácilmente y si se aplastan dejan un liquido amarillento. Emiten una sustancia azucarada (melaza), alimento para hongos patógenos y hormigas, por lo cual son causa de enfermedades criptogamitas, entre las cuales la fumagina. Si se dejan proliferar conducen a la muerte al sujeto atacado. Los machos se mueven por medio de las patas y las alas, por eso se expanden fácilmente a las plantas vecinas. Igualmente móviles son las neánidas, pequeñas aún inmaduras, la función de las cuales, facilitada también por la acción del viento, es la de ampliar la colonia. Las hembras están desprovistas de alas y patas y a menudo provistas de glándulas que producen cera, con la cual cubren los huevos puestos. Proliferan con un clima seco, caliente y un invierno benigno, invernan en el interior del refugio ceroso que se construyen.
Algunas cochinillas tienen una utilidad practica como el Coccus cacti, que provee el carmín, y el Laccifer lacca (Tachardia lacca), que produce la laca india.

Se combate eliminando mecánicamente los insectos, peinando los mismos con un cepillo de dientes o un bastoncito de algodón mojado en alcohol desnaturalizado, de manera que se pueda fundir su barrera de protección. La utilización, en un pequeño invernadero, de insectos antagonistas como los coleópteros coccinélidos y los ácaros trombidiformes, dan lugar a problemas de equilibrio biológico. Conviene, en cualquier caso, utilizar insectos ya presentes en el territorio nacional, antes que importarlos de otros continentes, para no crear alteraciones en el ecosistema. La lucha química utiliza, en primavera-verano, productos fosforados a base de Malathion (Fenix), Diazinon (Basudin), Dimetoato (Rogor, Digotan), Fenitrothion (Fenitan), Parathion, Fosalone, o bien Endosulfan, Paradiclorobenzol, Acefato, Carbaryl, Imidacloprid (Confidor, Provado), Piretrinas y durante el reposo invernal polisulfuros de Bario o de Calcio. Los productos químicos, para resultar verdaderamente eficaces, deben ser usados en la medida suficiente para poder superar las barreras protectoras, como los cúmulos algodonosos y las incrustaciones que estos insectos crean. Por esta razón los pesticidas arriba mencionados a menudo son añadidos a alcohol desnaturalizado, agentes humectantes y adhesivos.

Las cochinillas se vuelven bastante más peligrosas si, favorecidas por el terreno seco, se instalan entre las raíces (Rhizoecus falcifer, Hypogeococcus barbarae, H. othnius, H. spinosus), volviéndose invisibles hasta que notamos un paro en el crecimiento primero y un deterioro después. En estos casos es necesario meter la planta bajo un chorro de agua, para eliminar toda la tierra; sumergirla durante alguna hora en un anticoccidico, entre los arriba indicados; secar y trasplantar con sustrato nuevo.

Precauciones: controlar con atención cada nueva planta que ingresa en la colección, raíces incluidas; si es posible tenerla en cuarentena; evitar el uso de turba y material orgánico en las mezclas de sustrato; no dejar el suelo seco por mucho tiempo; no reutilizar sustratos ya usados, de hecho el contagio viene frecuentemente durante el trasplante con material infectado; lavar y esterilizar con lejía diluida (1 parte por 10 de agua) macetas y recipientes ya usados; lavarse y desinfectarse las manos antes de manipular otra planta.

ARAÑA ROJA. Este pequeñísimo ácaro fitófago (Tetranychus urticae), que en realidad no es una araña, está provisto de 8 patas, sus dimensiones son de 0,3 mm. Y es observable sólo mediante una lupa. Prefiere una atmósfera caliente y seca, teje una minúscula tela, preferiblemente en la parte alta de las cactáceas, allí donde los tejidos son más tiernos, con preferencia por Rebutia, Lobivia, Coryphanta y ocasionalmente Melocactus, Sulcorebutia, Mammillaria, Lophophora, Turbinicarpus, Pelecyphora. Ataca también algunos Mesembriantemos y algunas caudiciformes. Es capaz de perforar, y abrir así el camino a los hongos patógenos, de chupar la linfa, de intoxicar la planta con las secreciones glandulares causando daños gravísimos, también en virtud de la extraordinaria rapidez con que se multiplica en ambiente seco. La parte atacada se seca y toma una coloración grisácea tendente al rojizo, que después se fractura a causa del crecimiento.

La prevención se efectúa con pulverizaciones, a fin de crear un elemento disuasorio al asentamiento del insecto que, de forma notoria, rehuye los ambientes húmedos. La lucha biológica se lleva a cabo con el uso del ácaro depredador Phitoseiulus persimilis, producido y comercializado por algunos laboratorios biológicos. La lucha química utiliza acaricidas como Kelthane, Dimetoato, ésteres fosfatados. Es necesario advertir que, a causa de un uso masivo de estos productos, se han formado cepas de ácaros resistentes a muchos fitofarmacos. Un control preciso se consigue mediante dos tratamientos, uno dirigido a los insectos adultos mediante Dicofol y otro, a 15 días de distancia, dirigido a los huevos con Dienochlor. Es bastante útil ejecutar al inicio de estación la desinfección del invernadero pulverizando piretrinas o quemando azufre.

ANGUILILLAS. Son Nemátodos, invertebrados vermiformes, microscópicos, con el cuerpo alargado, cilíndrico o fusiforme, filamentoso, no segmentado, cubierto de una espesa cutícula quitinosa. Poseen una cavidad interna por lo cual se denominan también cavitarios. Normalmente se nota un diformismo sexual, con la mayor parte de las especies ovíparas. Las larvas después de algunas mudas, por lo general cuatro, alcanzan la madurez. Las especies más comunes son: Meloidogyne javanica, Heterodera cacti, Globodera spp. Proliferan en los suelos frescos, húmedos, ricos en sustancia orgánica; cuando el ambiente se vuelve hostil para ellos forman cistas dentro de las cuales pueden sobrevivir largo tiempo. Son capaces de penetrar en las raíces de los vegetales, bloquear el flujo linfático, formar nódulos (agallas) y causar la muerte. Las causas de infección pueden residir en los virus (burbujas), insectos (Dípteros, Himenópteros, Hemípteros), ácaros, bacterias (excrecencias, agallas, tumores), hongos (tumores, burbujas).

Síntomas: Las plantas afectadas detienen el crecimiento, amarillean y no producen o llevan a cabo la floración, por lo cual en presencia de un sujeto con escaso vigor, la primera operación a realizar es la de verificar el estado de las raíces, y desenvasar la planta en caso de necesidad.

El mejor cuidado es el de sumergir la planta durante 20’ en agua a 50ºC. Se puede probar también con los Hidrocarburos y los Fosforados orgánicos. Se extirpan después las raíces enfermas hasta la unión con el cuello y se trata el sujeto como esqueje. Se destruye el sustrato, la maceta, las partes enfermas y, en casos graves también la planta, a causa de la facilidad con la que el parasito se difunde también a las plantas vecinas. La lucha biológica se lleva a cabo plantando Tagetes en el lugar donde se ha difundido la infección.

MOSCA ESCIARIDA. Son Dípteros, tienen como característica haber desarrollado sólo las alas anteriores, mientras las posteriores (balancines) tienen la función de órganos sensitivos y de estimulo para las alas anteriores. El aparato bucal es perforador-chupador. Las larvas tienen forma de de gusanito largo 9-7 mm., son diáfanas, con la cabeza negra y carentes de patas, se nutren de sustancias orgánicas vegetales. El insecto adulto es una pequeña mosca negra de 3-4 mm., algunas hembras son productoras sólo de machos, otras sólo de hembras, a causa de la ausencia de cromosomas particulares. Atacan el cuello y las raíces de las plantas, con graves daños sobretodo para los semilleros. Se desarrollan preferentemente sobre sustratos a base de turba. Larvas e insectos se combaten con un buen insecticida.

AFIDOS. Son insectos Hemípteros, polífagos, de color verde o negro, dotados de elevada prolificidad, no muy frecuentes en las cactáceas, salvo alguna presencia sobre las flores. Entre las más comunes hay que considerar: Aphis gossypii sobre las Cucurbitáceas, Aphis nerii sobre las Asclepiadáceas y Apocináceas, Aphis sedii sobre los Sedum, Macrosiphum euphorbiae sobre las Euforbias, Aleophagus myersii sobre Aloe y Haworthia. El daño que pueden provocar lo constituye: el debilitamiento de la planta afectada, la posible difusión de virosis, fungosis, bacteriosis de la secreción azucarada emitida(melaza), que endureciéndose produce fumagina por las malformaciones provocadas por Eriosoma lanigerum. Se pueden eliminar manualmente, con agua jabonosa (50 gr. de jabón de Marsella por litro de agua), infusión de tabaco o un buen insecticida (Rotenona), cambiando el tratamiento a menudo ya que se pueden formar cepas resistentes a un determinado tratamiento químico en el transcurso de alguna generación.

TRIPS. Se trata de insectos Tisanópteros, bastante pequeños, alrededor de 1.5 mm. Tienen forma plana, están provistos de alas cortas, dotados de gran movilidad, con una fuerte predilección por el polen de las Cactáceas. El trip Frankliniella occidentalis es bastante polífago, ataca ya sea las flores, como los frutos y hojas. Realiza inyecciones salivares, picadas con finalidad alimentaria o para poner los huevos, causa marchitamiento de las flores, malformaciones en los pétalos, necrosis en los márgenes foliares, óxido, cicatrices y es vector del virus TSWV. Las hembras, más grandes que los machos, deponen también sin la presencia de estos, una cincuentena de huevos dentro de los tejidos de los pétalos. Después, alrededor de diez días, según la temperatura, las ninfas pasan a la tierra y se transforman en pupas desde donde bien pronto alcanzan la madurez. Este ciclo reproductivo se repite entre 5 y 7 veces al año. Otras especies son: Heliothrips haemorrhoidalis y Thrips tabaci. La lucha se lleva a cabo utilizando trampas cromotrópicas viscosas de color azul, el bio-insecticida Naturalis, el jabón de Marsella más el extracto de quassio (quassia amara), o productos químicos (Dimetoato). Entre los depredadores naturales de los trips recuerdo el fitoseido Amblyseius cucumeris y de la familia Anthocoridae el Orius laevigatus.

METCALFA. Pequeño insecto Homóptero de la familia de los Flátidos, ha aparecido en Italia recientemente (hacia 1980). La Metcalfa pruinosa es de color blanco, inmediatamente después de la eclosión de los huevos, para convertirse después en verde tenue, a medida que avanza en el desarrollo, recubriéndose también de una pruina cerosa, a fin de dejar sobre la planta las exuvias (despojos de las mudas precedentes). Los adultos son blancos, con tendencia a volverse grises siempre más oscuros, pueden alcanzar los 7 mm. de longitud, son capaces ya sea de saltar que de volar, poseen un robusto aparato bucal perforante y chupador. Las neánidas se desarrollan a mitad de mayo, viven sobre la cara inferior de las hojas suculentas, mientras que el adulto aparece en junio y produce una cera blanquinosa con melaza y fumagina. El insecto tiene un comportamiento gregario, ama colocarse en fila india. Desaparece con los primeros fríos, no sin antes haber depuesto huevos en los intersticios del tallo. La lucha química se lleva a cabo con buenos insecticidas, los mismos que para la Cochinilla, suministrados en tres veces, con intervalo de una semana a partir de primeros de mayo. La lucha biológica surge en el acto mediante el insecto antagonista Neodryinus typhlocybae. Como remedio natural, con la finalidad de reducir la extensión de la plaga, resulta indicado el uso precoz (mayo) de fuertes chorros de agua, donde se haya añadido nitrato potásico, con la finalidad de disolver el revestimiento ceroso de las neánidas y de las ninfas.

ALEURODIDOS. Pequeños mosquitos blancos, que si bien originarios de los países tropicales, han sabido adaptarse a climas diversos, llegando a difundirse por todo el mundo. Desaparecen volando cuando se mueve la planta, se instalan en la cara inferior de las hojas suculentas, de las caudiciformes y de los pelargonios suculentos. Tienen un aparato chupador capaz de debilitar la planta, retardar la floración, provocar amarilleamientos circulares, producir melaza y fumaginas, propagar virus y bacterias. La especie que con más frecuencia está presente en nuestros invernaderos es la Trialeurodes vaporariorum, cuya hembra depone alrededor de 200 huevos sobre la cara inferior de las hojas. Después de una decena de días de incubación, nacen las neánidas, que en un mes pasan a través de tres estadios neanidales y uno ninfal, antes de convertirse en adultos. La lucha se lleva a cabo mediante trampas cromotópicas amarillas, revestidas de cola. Los aficidas (Dimetoato, Malathion, Acefato, Imidacloprid), han dado los mejores resultados, aunque con una cierta dificultad, debido al hecho de que los huevos están protegidos con una capa cerosa. Se suministran al menos tres veces, con un intervalo de cerca de una semana, con el fin de destruir también las nuevas generaciones. Sustituir frecuentemente el principio activo, ya que los insectos tienden a acostumbrarse al mismo. Éxitos discretos han sido obtenidos alternando tratamientos con aceite mineral y otros con detergente para lavadoras diluido al 0.25%. La Encarsia formosa, la Encarsia tricolor y la Chrysoperla caenea son los depredadores naturales de estos mosquitos.

CARACOLES Y BABOSAS. Son Moluscos Gasterópodos, pertenecientes a la familia de los Helícidos, con un pie bastante desarrollado, con el cual se arrastran sobre un sustrato, dejando detrás un moco argenteo, capaz de revelar su presencia. Tienen pulmones, hermafroditas con fecundación cruzada, provistos de caparazón dorsal único. Entre las especies recuerdo a Helix pomatia, bastante difundida en la Europa central, y también H.adspersa y H.pisana frecuentes en Italia. Pueden representar un problema para las suculentas, especialmente si están expuestas en el exterior del invernadero donde, preferentemente por la noche, causan notables daños estéticos a las hojas carnosas, a los segmentos, a los tiernos brotes y a los semilleros. Los caracoles se pueden eliminar atrayéndolos a una bandeja donde se ha puesto cerveza, de la cual son glotones o manualmente. En caso de ataques graves se recurre a los cebos especiales envenenados (Metaldehido acético).

HORMIGAS. Pertenecen a la familia de los Formícidos, existiendo ya sea sujetos sexuados o hembras estériles. Las hembras fecundas pierden las alas después de haber completado el vuelo nupcial., mientras los machos mueren. Los huevos pasan a través de la fase larval y de la crisálida, antes de alcanzar la madurez. Muchas especies excavan nidos en el suelo y en las macetas, formando colonias duraderas, otras son depredadoras errantes. Suelen robar a menudo los huevos de los áfidos, que crían en sus nidos, con la finalidad de obtener un líquido dulzón, similar a la miel, que los áfidos emiten cuando son frotados sobre el dorso por las antenas de las hormigas. De este modo movilizan insectos peligrosos para las plantas, pueden quitar las semillas de un semillero, causar daños indirectos a las raíces. Si es necesario se puede utilizar un insecticida (Carbaryl)

ORUGAS Y LARVAS DEFOLIADORAS. Se trata de larvas de Lepidópteros (orden al cual pertenecen las mariposas), poseedoras de un aparato bucal masticador. Bastante a menudo construyen un capullo, en cuyo interior se encierra la crisálida, Muchas especies son fitófagas y bastante dañinas en el estado larval, de manera especial aquellas que tienen vida nocturna. Estas, de varios colores y dimensiones, según la especie, pueden aparecer en primavera, en verano o en otoño, dedicadas a una voraz actividad alimenticia. Las que sufren las consecuencias son las plantas jóvenes, aquellas con hojas carnosas, las suculentas, las flores, las plántulas. Si las larvas son pocas su eliminación puede efectuarse manualmente, de otro modo se recurre a productos químicos como Imidacloprid, Diflubenzuron, Alfametrina, Endosulfan.

COCHINILLA DE TIERRA O DE LA HUMEDAD. Las muy comunes Porcellio scaber, orden de los Isópodos, tienen una coraza dorsal granulosa, dos sutiles dentículos y cortas antenas. No acarrean daños directos a las plantas, pero ya que a menudo viven en colonias, pueden quitar la tierra, con prejuicio para la germinación de las semillas y el crecimiento de las plántulas. Se libera uno de ellas fácilmente a mano o atrayéndolas con una patata de la que son glotonas.

 

CULTIVO INADECUADO (Fisiopatía)

La luz. Una iluminación insuficiente, en fase de crecimiento, produce un adelgazamiento apical de la planta, que tomará un color amarillento por ausencia de clorofila. Es el fenómeno del etiolamiento (hiladura), que determina un debilitamiento general y una deformación permanente, contra la cual no existen remedios.

Al contrario, una exposición repentina al sol, sin una adecuada aclimatación, causa quemaduras que estropean la planta de forma duradera. Todo esto puede ser evitado exponiendo las plantas, al crecimiento vegetativo, de forma gradual a la luz solar, instalando sombreados adecuados. En la exposición de los sujetos a la luz solar, es necesario también tener en cuenta las condiciones que las plantas afrontan en el hábitat, protegiendo aquellas que viven bajo los árboles, o protegidas por rocas, arbustos y hierba. Algunas especies, irradiadas durante la estación invernal, pueden tomar una coloración rojiza, que no comporta ningún daño a la planta.

El agua. Escasos riegos causan, especialmente sobre cactus epifitos originarios de las selvas tropicales y subtropicales, el desecamiento de la planta, tejidos sin turgencia, tallos curvados. Se resuelve con riegos y nebulizaciones regulares. Estancamientos y excesos hídricos, al contrario, conducen a menudo la planta al marchitamiento. Tener en cuenta, que se pierden más plantas crasas por haber suministrado demasiada agua, que demasiado poca. Incluso un agua demasiado mineralizada, y con un elevado contenido en calcio, a largo plazo provoca asfixia en las raíces.

La humedad atmosférica. Un exceso de humedad en el aire, una condensación elevada, su goteo sobre la planta, una escasa ventilación, especialmente en invierno, son las causas principales de mohos y pudriciones.

Sólo las especies originales de las selvas del sudeste asiático, requieren humedad y temperaturas más elevadas. Durante la estación buena, es necesario disponer estas plantas (Hoya, Dischidia, etc.) encima de grandes posamacetas con grava dentro y mantenida húmeda, efectuando frecuentes nebulizaciones con agua no calcárea.

La temperatura. Cada especie, en el curso de su evolución, se ha adaptado a determinadas variaciones de temperatura, que son máximas para aquellas originarias de las regiones sub-árticas o de alta montaña, y mínimas para aquellas provenientes de los trópicos. Si este límite se supera se provoca el congelamiento de los jugos celulares, los cuales, aumentando el volumen, destruyen las células y conducen la planta a la muerte. En los casos menos graves, se forman manchas más o menos oscuras, que desfiguran de modo permanente al sujeto afectado. El remedio consiste en no superar el limite inferior de temperatura, al cual la planta se ha adaptado en su hábitat natural, y en reducir gradualmente los riegos en otoño, hasta cesarlos, en concordancia con el descenso de la temperatura ambiente.

El exceso de calor se manifiesta mediante quemadas capaces de provocar quemaduras, casi siempre permanentes, sobre la epidermis de las plantas con posibles sucesivas infecciones de hongos. En los casos más graves puede verificarse también en la desecación y muerte del sujeto afectado. El fenómeno se verifica sobretodo en primavera, ya que se exponen a pleno sol plantas que durante el invierno han recibido una iluminación reducida, o sino en el caso de sujetos jóvenes como los de los semilleros, o en invernadero en presencia de escasa ventilación. Daños graves pueden sufrir aquellos cactus que, durante el invierno, son mantenidos en el calor innatural de los ambientes domésticos.

El suelo. La mayor parte de las suculentas, por lo general, no requieren un sustrato igual a aquel del cual provienen, se contentan con una estructura bien drenada, que permita también una adecuada respiración de las raíces, un Ph básicamente neutro y una escasa presencia de humus. Hay naturalmente excepciones, representadas por ejemplo por Aztekium, Geohintonia y algunos Thelocactus que requieren un suelo calizo, plantas que viven en el sotobosque o sobre los árboles en el cruce de las ramas, que lo requieren rico en humus, y en fin, otras que lo exigen silíceo o al contrario calcáreo.

Un suelo inadecuado puede acarrear, en la peor de las hipótesis, daños irreparables como en el caso de un sustrato turboso, no capaz de drenar velozmente, a menudo causa de pudriciones letales. Carencias de Hierro, de oligoelementos, suelo muy alcalino o muy acido, exceso o deficiencia de minerales y otras causas pueden parar o retrasar el crecimiento, impedir la floración, dar a la epidermis una tonalidad amarillenta, reducir el aparato radical. En estos casos el remedio consiste en liberar la planta del viejo sustrato y trasplantarla con uno adecuado. Si las raíces se hubiesen perdido, es necesario tratar la planta como esqueje o injertarla de manera adecuada.

El abonado. Las plantas crasas viven en ambientes con escasas precipitaciones, por lo cual no son capaces de tomar grandes cantidades de sales minerales, y si en el cultivo son suministradas dosis elevadas de abono, este se acumula en el suelo acidificándolo, de manera que se alteran los equilibrios osmóticos, con la consecuencia de debilitar al sujeto afectado, haciéndolo menos resistente a los parásitos y en los casos más graves conducirlo al  amarilleamiento, a la desecación o la pudrición.   

El fertilizante, conteniendo microelementos y poco nitrógeno, debe ser suministrado sólo durante el periodo vegetativo y no frecuentemente, según la relación: 1 de nitrógeno, 2 de fósforo, 4 de potasio, el total de la concentración de 1 gr. de producto por litro de agua (1/1000). Los cactus epifitos agradecen un poco más de nitrógeno, una concentración más débil y una frecuencia de suministro mayor.  

Los antiparasitarios. Los productores de antiparasitarios, al aconsejar el uso y las dosis de utilización  a menudo no mencionan las plantas suculentas, por lo cual a menos de tener conocimiento de que aquel principio activo no es nocivo para nuestras plantas, es prudente ensayar la inocuidad sobre un solo ejemplar, rociándolo o regándolo en caso de preparado sistémico

LA DESINFECCION DE LAS SEMILLAS
La mayoría de las veces las semillas que adquirimos no han sido sometidas a desinfección, y esta es una de las causas principales de la difusión de bacteriosis, micosis y virosis. El modo más simple para evitar complicaciones, es el del recubrimiento, mediante el cual las semillas son tratadas con uno de los siguientes productos en polvo: carbonato de Cobre, Mancozeb, Maneb, Propamocarb, Metalaxil, Metiram, Zineb, Thiram, Captan etc. con el fin de recubrirlas con un sutil estrato de desinfectante.

 

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1 Fitoparasitosi 22351
2 Plaguicidas 46561
 
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